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Tchaikovsky desde el portal resistencia

Andrés Carrillo


(Foto: ZipaExiliados)


Si Tchaikovsky hubiese compuesto El cascanueces sentado en una banca en el portal de las Américas tal vez la música hubiera sido otra, tal vez se hubiese deleitado con la danza entre la bota del estado y la piedra del pueblo. Pero, por favor, no me malinterprete. No hablaremos de política, de ninguna manera. Mejor déjeme que le narre los sentimientos de un paro.


A medida que nos acercamos mi camarógrafo y yo al campo de batalla lo primero en aparecer es el resonar de las aturdidoras, que como los cañones en la obertura de 1812, retumban en las paredes. Tchaikovsky tendría su primera erección musical con tan solo escuchar las botas contra el asfalto, las cachiporras contra los escudos, las rocas contra las tanquetas, gritos y más gritos; entre tanto, los cobres hacen su entrada, la primera línea resiste la embestida, el cañón de agua atosigado de orines y excremento dedica su mejor tocata contra la barrera de jóvenes que se apresuran a detener el chorro; a la vez que, otros recogen las lacrimógenas lanzadas por la tropa, y aquí viene el primer baile: la primera línea retrocede, los cascos truenan y avanzan sobre la multitud.


Luego, hace su entrada el gas que tortura nuestros ojos y quema los pulmones. Las lágrimas corren sin cesar, como gotas de lluvia, y caigo. Mi visión se cierra y levanto mis manos pero lo que recibo es una ráfaga de marcadoras que golpean mi espalda, a la vez que trato de ocultarme bajo la niebla de la guerra. Es ahí donde, en medio de la amarillezca bruma, aparece una deidad de figura, quien sin saber mi nombre, ni mi edad, mi ideología, mi cédula o mi estado en Facebook rocía leche sobre mi cara. Quién lo pensaría que aquel gesto erótico, pornográfico y turbio trajese tanta frescura y descanso a mi rostro. En mis oídos solo tengo un ensordecedor zumbido pero en mi mente escucho la Patética, esa hermosa sinfonía que Tchaikovsky compondría antes de su muerte.


Mi ángel salvador me dice: “Respira, respira, respira, por tu nariz , respira” me siento aliviado, mi llanto no para y mis párpados se rehúsan a apartarse de mis pómulos. “Gracias mujer”, pensé, y antes de siquiera poderle agradecer ella parte hacia el siguiente caído. Tal vez nunca volveré a verla. No sé su nombre, ni su dirección, ni su ideología, ni su estado en Facebook, pero algo sí entendí de nuestro breve encuentro y es que su leche en mi cara antes de ser pasional fue milagroso, refrescante y encantador. Nunca olvidaré el leve mimar de sus manos.


Ahora Tchaikovsky regresa con su crescendo: llegó la hora de la primera línea. La multitud se agrupa y forman de nuevo la falange más bella que ni el mismo Filipo hubiese comandado. Ahora le llegó el turno a la piedra del pueblo, quienes armados de ira, por el azote de la policía, dispara una cortina de rocas sobre los acorazados. Gritan los vecinos, gritan los jóvenes, grita el ejército de jengibre contra la caballería de plomo. Aquí van los sueños destrozados del futuro de Colombia, más aún vuela un molotov lleno de ira y represión que choca contra el elefante del Esmad. Una línea de fuego como la espada del Arcángel Miguel cae sobre el pesado vehículo, la multitud vitorea, en éxtasis: David contra Goliat.


El avance se detiene y volvemos al primer acto, los contendores se rearman, los vecinos arremeten con improperios y profanidades; los policías estoicos observan porque de nuevo vendrá la arremetida. Aunque nadie sabe quien dará la estocada final, todos iremos esa noche a nuestras casas, saludaremos a nuestras esposas a nuestros hijos, hermanos y mascotas; volveremos a ser personas y no soldados. Tal vez todos tomaremos un poco de leche antes de dormir pero algo tendremos en común… seremos los mismos individuos que apestaremos a gas lacrimógeno y pólvora, quienes regresaron de un vals violento. Mañana será otro día pero algo sí puedo decirles y es que policías y manifestantes algún día se verán las caras, esta vez sin cascos ni capuchas, quizás viajando en el mismo transmilenio, donde nadie sabrá sus nombres, ni ocupaciones, ni ideologías, ni estados en Facebook, serán: un colombiano más en el Portal de las Américas.


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